25 feb. 2010

Reportaje: Los vestigios de un pueblito en Venezuela vuelven a surgir debido a la terrible sequía





Para la mayoría de los venezolanos, la sequía ligada al fenómeno el Niño que está golpeando al país este año ha acarreado serios inconvenientes, como el racionamiento de luz y agua.
Pero para unos pocos, la falta de lluvias les ha permitido realizar un viaje agridulce por los caminos de la memoria.

La reserva de agua Uribante está a su menor nivel en décadas, dejando al descubierto un pueblo que ha estado sumergido desde 1985, cuando el valle fue inundado para construir una presa hidroeléctrica.

Josefa García, de 74 años, vivía en ese pueblo. Ahora se siente agradecida porque la sequía, pese a que ha agravado la mayor crisis eléctrica en la historia del país petrolero, le ha permitido volver a su pasado.

A la sombra de una iglesia de 26 metros de altura, que suele estar prácticamente sumergida, García rememora vívidamente cuando el presidente Carlos Andrés Pérez llegó en helicóptero para decirles que su pueblo iba a ser sepultado bajo las aguas.

“Dijo que éramos todos expropiados y que teníamos que salir”, recuerda García, de pie en la vieja plaza del pubelo. “Acabaron con la esperanza de todo el mundo”, agregó.

Antes de su desaparición, esta villa andina en el occidental estado Táchira fue evacuada y sus 1.200 habitantes dispersados por todo el país. García se mudó a una región cercana y nunca había regresado a su antiguo pueblo hasta ahora.

Normalmente, sólo el chapitel de la iglesia puede verse sobresalir del acuífero, de unos 20 kilómetros cuadrados. Pero recientemente, el nivel del agua cayó 30 metros, revelando fantasmagóricos vestigios de la vida pasada: la iglesia, casas derruídas, un cementerio, la plaza del pueblo.

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